Dicen que no hay nada más cierto que lo propio que uno ve, las convicciones con las que vivimos van forjando nuestros principios como personas, pero ¿cuántos principios son los que van conformando nuestro escaparate humano?. Lo que vemos día a día en nuestra cotidianeidad es lo que nos hace ser la persona que hoy somos, porque de cada acción compartida, experimentada, cada decisión tomada, cada paso dado en nuestro avance por el camino que llamamos vida, nos forja una personalidad intrínseca como individuos.
Cada día, cuando nos levantamos, actuamos de forma inconsciente (algunos pocos de forma consciente) en base a nuestro papel en la gran obra de teatro que hemos creado para evolucionar como seres individuales. Y así vamos creando nuestra propia escala de valores y nuestro principios éticos; sin embargo, ¿cuántos de nosotros actuamos siempre de forma coherente en base a ellos?. Quiero decir, podemos querer ser mejores personas cada día que vivimos, en cambio, ¿por qué continuamos con los mismos prejuicios al respecto de las situaciones y personas que nos rodean?, ¿por qué si nuestros principios son el respeto y la tolerancia, por ejemplo, continuamos siendo intransigentes con determinadas circunstancias?, porque omitimos y relegamos a nuestro principios a vivir en un desván que sólo abrimos cuando la necesidad nos obliga o cuando nos sentimos observados por terceros que, libremente, opinarán de nuestros actos y de nuestras palabras; es entonces sólo cuando actuamos en consecuencia de nuestros propios principios, el resto del tiempo lo pasamos dejándonos llevar por la inercia de nuestro día a día sin detenernos a reflexionar apenas sobre nuestros pasos andados desde que nos desperezamos cuando sonó el despertador y hasta que, después de un cansado día de trabajo, volvemos a meternos en la cama, momento en el que, siguiendo la línea de inercia, dejamos que los pensamientos se agolpen en nuestro cerebro dejando que la mente nos domine en lugar de marcar distancia y ser nosotros el depredador que somete a nuestra mente dirigiéndola hacia nuestro bienestar emocional y físico. ¿Inteligencia? Para nada, más bien desidia de nosotros mismos y de nuestro andar. Desperdiciando los días y con ellos, las oportunidades de mejorar. Reaccionemos, nunca es tarde para ello.
Algunos dicen que el destino está escrito, yo digo que lo creamos a medida que vivimos y tomamos decisiones, a medida que elegimos y a medida que aprendemos. Pero para los que sigan opinando que el destino está escrito, yo les digo lo siguiente: sáltate el guión.